Barbanaranja y el tesoro de Isla Gato

Barbanaranja, el pirata buscatesoros, un día hablando con Jon Tresdientes, se enteró que Miriam Manodegarfio había oído de Jack Rastasazules, que María del Parche Lila tenía el mapa del tesoro de Isla Gato.

Lo que más le gustaba en el mundo a Barbanaranja, era buscar tesoros escondidos. Así que fue a hablar con María del Parche Lila y le ofreció comprarle el mapa. Tuvo que pagarle 10 monedas de oro, 30 caramelos y un bizcocho de chocolate recién horneado. Pero mereció la pena. Ahora Barbanaranja podía comenzar una nueva aventura.

En el mapa se veía claramente donde estaba el tesoro dentro de Isla Gato. Estaba marcado con una gran equis roja. El problema era que no ponía dónde estaba la isla. ¿Cómo conseguiría encontrarla entre todas las islas que había en el Caribe?

Barbanaranja preguntó a todo el mundo que conocía, pero nadie sabía dónde estaba Isla Gato. Entonces, se le ocurrió una idea. Iría a la biblioteca de Isla Tortuga a buscar en los mapas que allí tenían.

Isla Gato se llamaba así porque si la mirabas desde el cielo, su forma era como la de la cara de un gato. Era prácticamente redonda, excepto por dos trozos de tierra que sobresalían y que parecían las orejas del gato. Además, en el centro de la isla había una montaña que bien podría ser la nariz. 

Sabiendo esto, Barbanaranja se puso a mirar en todos los mapas de la biblioteca, uno por uno. Eran un montón. Sacaba un mapa. Miraba con lupa todas las pequeñas islas para ver si alguna tenía forma de gato. Sacaba otro mapa. Y así día tras día, hasta que pasada una semana encontró una islita con forma de gato. Estaba tan contento que se puso a saltar, cantar y bailar, como bien les gusta hacer a los piratas.

-¡Shhhh! -le llamó la atención la bibliotecaria pirata- A cantar y a bailar fuera, que esto es una biblioteca. Biblioteca pirata, pero biblioteca.

Barbanaranja volvió muy contento a casa. Por fin podía empezar el viaje. Reunió a su tripulación que eran sus mejores amigos y empezaron a preparar el barco. Llevaron un montón de comida y bebida. Y algunos juegos por si se aburrían durante el viaje. También pico y pala, para desenterrar el tesoro. Luego pusieron cuerda, linternas y demás utensilios. Por fin, el barco estaba listo para zarpar.

Después de varios días de viaje, alguna tormenta y muchas partidas de cartas, llegaron a Isla Gato. Estaban todos muy excitados. Pronto tendrían en sus manos un gran tesoro. Echaron el ancla y se acercaron a la isla en una barca con todo el equipo.

Había muchas plantas y casi no podían caminar, así que iban abriéndose paso con un machete. Y mientras iban caminando entre tanta vegetación, de repente, pisaron un suelo de arena que empezaba a hundirse… ¡Eran arenas movedizas! Menos mal que llevaban cuerdas. Las lanzaron a los árboles que había cerca y tirando de las cuerdas consiguieron salir. Lo malo es que se les habían caído las linternas dentro de las arenas movedizas, pero bueno, tendrían que seguir así.

A medio día llegaron al punto del mapa marcado con una gran equis roja. Ahí tenía que estar el tesoro. Primero se comieron los bocadillos que llevaban en las mochilas y luego, empezaron a cavar. Y ahí estuvieron cavando y cavando hasta que… ¡Pum! tocaron algo duro. 

Empezaron a quitar con las manos la tierra hasta descubrir un cofre. ¡Era el tesoro! Lo sacaron del agujero e intentaron abrirlo. Estaba cerrado con llave… Humm, cogieron unas piedras grandes y empezaron a golpear el cerrojo a ver si rompiéndolo podrían abrirlo. Y después de muchos golpes por fin hizo ¡crack! y se abrió. Levantaron la tapa y… ¡no había nada dentro!

¿Cómo podía ser? ¿Se les había adelantado alguien? Todos se quedaron muy tristes. Tanto esfuerzo para nada. Estaban sentados alrededor del cofre vacío, ya pensando en el camino de vuelta cuando Barbanaranja empezó a mirar otra vez el mapa del tesoro. ¿Habrían hecho mal algún paso?

Pensando, pensando, Barbanaranja se preguntaba. ¿Por qué alguien dejaría el cofre vacío enterrado? Si te llevas el tesoro, lo normal es llevárselo en el cofre. Y si no, ¿por qué enterrar el cofre vacío otra vez? Eso es mucho trabajo… ¿Y si es un truco para ocultar el verdadero tesoro?

Así que se pusieron a cavar de nuevo dentro del agujero. Aunque ya estaba oscureciendo y no tenían sus linternas, cavaron en la oscuridad. Siguieron cavando y cavando y de nuevo sonó ¡Pum! Algo duro. Había otro cofre debajo del primero. Lo sacaron y este pesaba mucho más que el anterior. Lo abrieron y este sí que tenía un tesoro dentro.

Había monedas de oro, diamantes, piedras preciosas y muchas cosas más. Ahora sí que tenían el tesoro de Isla Gato.


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