Caperucita Agente Secreto: el caso de los 3 cerditos desaparecidos

Un coche negro con cristales oscuros aparcó delante de la casa de Caperucita. Un hombre y una mujer bajaron de él. Vestían trajes muy elegantes y llevaban gafas de sol. Tocaron en la puerta y les abrió la puerta la madre de Caperucita.

-Buenos días. Somos agentes secretos especiales. Estamos buscando a Caperucita -dijo la mujer.

-¿En qué lío se ha metido mi hija esta vez? -preguntó alarmada la mujer.

-Todo lo contrario señora. Necesitamos la ayuda de Caperucita para resolver un caso -le tranquilizó la agente.

-¡Caperucita! Baja que te están buscando -llamó la madre. -Voy a preparar té.

Caperucita bajó las escaleras y se encontró con los dos agentes sentados, cada uno con su tacita de té en la mano.

-Buenos días Caperucita. Como ya le hemos explicado a tu madre, necesitamos tu ayuda -comenzó la agente.

-¿Mi ayuda? -contestó sorprendida Caperucita.

-Si, así es. Estamos siguiendo una pista y tu experiencia nos sería de gran ayuda. 3 cerditos han desaparecido. Su mami está muy preocupada y hemos encontrado huellas de… El Lobo Feroz. Sabemos que lo conoces bien, ya que una vez estuviste en su barriga. ¿Podrías ayudarnos a averiguar lo que pasó?.

Caperucita aceptó. Los agentes prometieron a su madre que estaría de vuelta antes de la merienda. Le dieron un traje elegante y unas gafas de sol muy chulas y luego subió al coche. Por el camino, fueron poniendo a Caperucita al corriente del caso.

-Los 3 cerditos se habían independizado recientemente. Cada uno construyó una casa en la misma zona, aunque con distintos materiales de construcción. Su madre vino a visitarlos el fin de semana a ver como estaban y no los encontró. Dos de las casas, la de paja y la de madera, están destruidas -contó el agente que iba de copiloto.

Al parar el coche, Caperucita pudo ver las casas destruidas desde lejos. Se acercaron a la primera, la de paja y allí Caperucita empezó a buscar huellas. 

Hay muchas plantas dobladas por el viento alrededor de la casa -comenzó diciendo Caperucita. -Y el Lobo puede soplar mucho, tiene grandes pulmones. Creo que derribó esta casa soplando y por las huellas de cerdito que veo aquí, parece que el cerdito huyó hasta la casa de su hermano.

Los agentes se miraron asintiendo, orgullosos de lo buena detective que era Caperucita. Los tres caminaron hasta los restos de la casa de madera y encontraron una situación similar. La casa estaba totalmente destruida, y encontraron dos rastros de huellas de cerdito que llevaban a la casa de piedra.

Aquí tampoco les atrapó -concluyó Caperucita. -Parece que todos se resguardaron en la casa de piedra. Tiene sentido porque es la más resistente de todas.

Sin embargo la casa de piedra estaba intacta. La puerta cerrada y nadie dentro. ¿Qué habría pasado ahí? Caperucita caminó alrededor de la casa buscando pistas. Había muchas pisadas por todas partes y era difícil saber a donde iban o de donde venían. Sin embargo, encontró unas manchas que subían por la chimenea.

-El Lobo trepó por ahí al ver que no podía derribar la casa soplando -dijo Caperucita señalando la chimenea.

-¿Entonces podría ser que se hubiese comido a los cerditos y que siga ahí dentro? -preguntó el agente.

-No lo creo -dijo Caperucita mirando por la ventana. -Dentro está todo en orden. El Lobo suele ocasionar un desastre allí por donde pasa. ¡Mirad qué hay en la chimenea! ¡Una gran cazuela! Creo que los cerditos usaron esa cazuela para protegerse del Lobo. Seguro que se quemó el trasero al bajar por la chimenea.

Como la teoría parecía buena, los agentes y Caperucita buscaron más lejos de la casa huellas de lobo y encontraron unas que iban hacia la carretera muy separadas entre sí.

-El Lobo salió corriendo de aquí a toda velocidad -concluyó Caperucita. -¿Pero dónde estarán los cerditos?

Y entonces escucharon unas vocecillas cantando que se acercaban por el camino. ¡Eran los tres cerditos! Venían alegres y relajados con sus toallas de baño, un balón y otros juguetes de playa.

-¿Dónde estábais? -preguntaron los agentes.

-Nos estábamos bañando en el río -contestaron los cerditos. -Hemos hecho un picnic para celebrar que nos hemos librado del Lobo.

-¡Ay ay ay! -dijo la agente. -Vuestra madre está muy preocupada. Pensaba que el Lobo os había comido. La próxima vez, mejor dejáis una nota en la puerta para que vuestra madre sepa dónde estáis.

Y colorín colorado, esta investigación se ha acabado.


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