Carrera en el bosque

Un día la ardilla y el ratón estaban paseando y se les ocurrió que sería divertido organizar una carrera en el bosque para ver quién era el animal más rápido de todos.

Muy contentos con su idea, comenzaron a colgar carteles en los árboles anunciando la carrera, y a invitar a participar a todos los animalitos con los que se encontraban.

La ardilla gritaba:

¡Carrera en el bosque! ¡Carrera en el bosque! ¡Próximo domingo, carrera en el bosque! ¡Participa y demuestra quién es el más rápido!

Y mientras colgaba carteles, cantaba el ratón:

No se lo pierda señora liebre

No se lo pierda el señor castor

El próximo domingo, carrera

Para ver quién será el ganador

Parecía que el bosque había entrado en ebullición. Todos los animalillos empezaron a salir de sus guaridas. “¿Carrera en el bosque? ¡Suena divertido!”

Quedaba una semana y había que prepararse. Todo el mundo fue a buscar en el fondo de su armario la ropa de deporte. Algunos tuvieron que buscarla muy hondo hasta encontrarla. Zapatillas, cintas para el pelo, pantalones cortos… una vez estuvieron todos equipados, salieron a entrenar.

El lunes había un grupo grande de animales reunidos para entrenar. Estaban muy motivados. Hacían ejercicios, sprints y estaban pasando un buen rato cuando llegó la liebre e hizo un sprint que les dejó a todos boquiabiertos. ¿Cómo podía correr tan rápido?

Algunos animalillos pensaron en entrenar aún más para poder ganar a la liebre, pero otros como el pequeño topo pensaron: “Nunca podré ganar a la liebre, es demasiado rápida para mi, no tiene sentido seguir entrenando”.

El martes pasó algo similar, cuando la liebre dió su espectacular carrera durante el entrenamiento, más animalillos dejaron de entrenar, como el saltamontes o el caracol. “No tiene sentido entrenar si nunca podremos ser más rápidos que la liebre”

La liebre decía que no le hacía falta entrenar, tan sólo aparecía delante de los demás animales y les mostraba lo rápida que era y así muchos se iban desmotivando. 

El miércoles abandonaron el mapache y el koala.

El jueves se dieron por vencidos el zorro y la osa.

Y el viernes incluso abandonaron la ardilla y el ratón, que habían sido los que habían tenido la idea de hacer la carrera.

Cuando ya parecía que nadie iba a competir con la liebre, el sábado salió a entrenar como todos los días la tortuga. Los demás animales estaban muy sorprendidos. “¿Pero por qué entrenas?, ¿no ves que la liebre es muchísimo más rápida que tú?” le decían los demás animales del bosque. “No me importa. Yo entreno para hacerlo lo mejor posible y pasarmelo bien”. Contestaba la tortuga.

Así, llegó el domingo y todos los animalillos acudieron expectantes a ver la carrera, pues querían ver cómo le iba a la tortuga que tanto esfuerzo había puesto en entrenar.

Estaba todo preparado: Las líneas de comienzo y final estaban marcadas con piedras blancas. Los gorriones, que eran los árbitros, miraban desde el cielo para que nadie hiciera trampas tomando un atajo. Y el búho iba a ser quien diera la salida.

La liebre, muy segura de sí misma, miraba a la tortuga con desdén. “Ay, pobrecilla. ¿No ves que no tienes ninguna posibilidad de ganar?”

La tortuga no le hizo ni caso y se preparó para comenzar.

El búho iba a dar la señal y dijo: “Preparados… Listos… ¡Ya!”

La tortuga salió corriendo todo lo rápido que pudo, y era muy rápido para ser una tortuga. Todo el público estaba impresionado, pero en un par de zancadas, la liebre ya la había alcanzado. Tras decirle “nos vemos en la meta”, empezó a correr rapidísimo y se perdió en el horizonte tras una nube de polvo. La tortuga, como había hecho durante toda la semana, no desistió y continuó corriendo.

La liebre seguía corriendo sola sin esforzarse mucho. Avanzada la carrera, la liebre pasó cerca de un campo de sandías. Como hacía bastante calor, se las quedó mirando y pensó “Le llevo tanta ventaja a la tortuga, que podría comerme una sin problemas”. Así que paró y se puso a comer una sandía (que estaba muy rica) a la sombra de una higuera. 

Ya con la barriga llena, sentada a la sombra, le fue entrando poco a poco sueño. Y allí mismo, dormida se quedó. Cuando despertó, no sabía cuánto tiempo había pasado, pero escuchaba al público muy alborotado. Salió corriendo todo lo rápido que pudo hacia la meta y vio que la tortuga ya estaba llegando. Le quedaba poco para llegar, así que la liebre corrió todo lo que pudo, pero no fue suficiente. La tortuga llegó la primera.

Hubo una gran fiesta en el bosque para celebrar la hazaña de la tortuga, y a partir de entonces, la liebre ya no se reía de los demás animalillos.

Esta es nuestra versión de la clásica fábula de Esopo de la Liebre y la Tortuga.


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