El trámite del Señor Chinchurreta

El señor Chinchurreta es muy, pero que muy, despistado. Un día tenía que hacer un trámite en el edificio de la Delegación del Ministerio de los Asuntos Tramitables. Salió temprano de casa porque no quería llegar tarde. Cuando llegó a la parada del autobús, el bus acababa de llegar, así que se montó de prisa antes de que se fuera. Tomó asiento, colocó su maletín sobre las rodillas, sacó un libro que llevaba ya por la mitad y se puso a leer. De vez en cuando miraba por la ventana y cada vez veía menos y menos edificios. Hasta que llegó un momento en el que miró por la ventana y ¡estaba en medio del desierto!

-Perdone señor conductor, ¿Cuándo llegamos a la parada de la Plaza Soleada?

-Este autobús no para en la Plaza Soleada. El bus que para allí es el bus 89. Este es el 98 -contestó el conductor

¡Se había equivocado de autobús! Rápidamente el Señor Chinchurreta apretó el botón del bus y se bajó en la siguiente parada que había en medio del desierto. Luego pidió un taxi. Por suerte pasaba uno justo por allí, que también por suerte, estaba libre.

-A la Plaza Soleada, por favor. -dijo el Señor Chinchurreta mientras se subía al taxi.

-Inmediatamente. -contestó la taxista

[…]

-Plaza Soleada. Son nueve con cincuenta. -dijo la taxista al llegar a la Plaza

-Aquí tiene un billete de diez. Puede quedarse con la vuelta -le dijo el Señor Chinchurreta

-¡Pero si esto es un billete de autobús! -contestó sorprendida la taxista.

-Ay, perdone, perdone, que me he confundido.

Después de pagar correctamente, el Señor Chinchurreta estaba finalmente delante del edificio de la Delegación del Ministerio de los Asuntos Tramitables. Entró y en la recepción preguntó por la Señora García, con la que tenía una cita para su trámite.

-Suba a la segunda planta y conforme salga del ascensor gire a la izquierda y siga por el pasillo hasta llegar a la habitación 33. Ahí está la oficina de la Señora García. -le informaron en la ventanilla de información.

El Señor Chinchurreta fue directo a los ascensores, pero allí había un cartel que decía “Fuera de servicio”, así que subió por las escaleras. Siguió las indicaciones que le habían dado y llegó a la habitación 33. Tocó en la puerta, escuchó “pase, pase” y al abrir se encontró con un hombre haciendo fotocopias.

-¿La Señora García? -preguntó el Señor Chinchurreta.

-No conozco a la Señora García -contestó el hombre de las fotocopias.

-¿Cómo puede ser si me han dicho en información que viniera aquí? ¿Es esta la habitación 33?

-Si, correcto.

-Pues me dijeron bien claro: “segunda planta, pasillo de la izquierda, habitación 33”.

-Claro, pero es que esta no es la segunda planta, es la tercera planta. -contestó el hombre de las fotocopias mientras seguía haciendo fotocopias.

-Ah, vaya, perdone, perdone, que me he vuelto a confundir. -dijo el Señor Chinchurreta antes de salir de la habitación y bajar las escaleras hasta la segunda planta.

Finalmente llegó a la habitación 33, y allí sí que estaba la Señora García.

-Buenos días Señor Chinchurreta. ¿Ha traído todos los documentos necesarios para el trámite? -preguntó la Señora García.

-Sí, por supuesto -dijo el Señor Chinchurreta antes de sacar los papeles que llevaba en su maletín.

-Pero si estos no son los documentos que hacen falta. ¡Son cómics de Súper López! -dijo sorprendida la Señora García.

El Señor Chinchurreta se había vuelto a confundir. Como no pudo completar el trámite, buscaron otra fecha para que volviera con los documentos correctos. Así que salió del edificio, tomó (esta vez bien) el bus 89 y volvió a su casa. Pero algo raro pasaba, su llave no entraba en la cerradura. Probó y probó hasta que alguien abrió la puerta desde el otro lado. 

-¿Qué desea? -preguntó la mujer que había abierto la puerta.

-Pues entrar en mi casa -dijo el Señor Chinchurreta.

-Pero si esta no es su casa.

El Señor Chinchurreta miró el número que había encima de la puerta y por supuesto, se había vuelto a equivocar.


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