La Gallina Reguina

La Gallina Reguina comía tranquilamente mientras paseaba por la granja. Cuando estaba cerca de un almendro, algo le cayó en la cabeza. Sorprendida, miró hacia arriba y como no vió la almendra que le había caído encima, pensó “El cielo se está cayendo, ¡hay que avisar a la presidenta!”.

Reguina la Gallina salió corriendo y en su camino se cruzó con… El Pato Renato.

-¿A dónde vas con tanta prisa Reguina la Gallina?

-Algo muy grave está pasando, ¡el cielo se está cayendo! Voy a avisar a la presidenta.

-¡Oh!, pues si que es algo grave. Sin duda hay que avisarla cuanto antes. Te ayudaré.

Y así continuaron corriendo la Gallina Reguina y el Pato Renato. Y ahora que eran dos, armaban el doble de revuelo. Al dar la vuelta al corral, se encontraron con… El Ganso Alfanso.

-¿Se puede saber a dónde vais con tanto alboroto Gallina Reguina y Pato Renato?

-Vamos a ver a la presidenta, es muy urgente. ¡El cielo se está cayendo! -contestó el Pato Renato.

-¡Vaya noticia! Puede ser peligroso, mejor que os acompañe.

Ya eran tres los animalitos que corrían hacia la salida de la granja: La Gallina Reguina, el Pato Renato y Ganso Alfanso. Un grupo tan grande no podía pasar inadvertido cuando cerca de la puerta se toparon con… El Pavo Gustavo.

-¿A dónde van tantas plumas juntas con tanta prisa? -preguntó el Pavo Gustavo

-Es un asunto urgente -dijo el Pato Renato.

-¡Y peligroso! -añadió el Ganso Alfanso- ¡el cielo se está cayendo! Vamos corriendo a avisar a la presidenta.

-¿El cielo se está cayendo? Es más grave de lo que pensaba -contestó el Pavo Gustavo- Sin duda necesitáis algunas plumas más. Voy con vosotros.

Todos juntos salieron de la granja en escrupuloso orden de pánico: La Gallina Reguina, el Pato Renato, Ganso Alfanso y añadiendo todas sus plumas como había prometido, el Pavo Gustavo. Fuera de la granja siguieron por el camino que llevaba a casa de la presidenta y cerca del camino estaban tranquilamente…  La Perdiz Beatriz y Denís la Codorniz.

-¿Se puede saber por qué corren tanto vuestras patas? -dijo medio riéndose la Perdiz Beatriz.

-No es asunto de broma. ¡El cielo se está cayendo! Vamos a avisar a la presidenta cuando antes -contestó el Pavo Gustavo.

-Sí que es un asunto serio -dijo Denís la Codorniz- Conocemos bien estos campos, os guiaremos hasta la casa de la presidenta.

Y así siguieron la Gallina Reguina, el Pato Renato, el Ganso Alfanso, el Pavo Gustavo y guiándoles por los caminos, La Perdiz Beatriz y Denís la Codorniz, corriendo, saltando y brincando hasta llegar al bosque que rodeaba la casa de la presidenta. 

En el interior del bosque había un arbusto que se movía un poco y de él salió… Hassán el Faisán.

Nunca he visto en este bosque tantos picos corriendo en la misma dirección. ¿Se puede saber qué pasa?

-Algo grave -dijo Beatriz la Perdiz.

-Gravísimo, diría yo -añadió Denís la Codorniz.

-¡Y urgente! -añadió el Pato Renato.

-Y puede que peligroso -terminó por decir el Ganso Alfanso -pues el cielo se está cayendo. Vamos a avisar a la mismísima presidenta.

-¡Por todas mis plumas! Si que es grave. Iré con vosotros para ayudar en lo que pueda -dijo Hassán el Faisán.

Nunca el bosque había visto tantas plumas juntas y con un mismo propósito. Así que muchos animalitos se asomaron a ver pasar a la comitiva compuesta por la Gallina Reguina, el Pato Renato, el Ganso Alfanso, el Pavo Gustavo, la Perdiz Beatriz, Denís la Codorniz y Hassán el Faisán. Hasta que en un recodo del bosque apareció… El Lobo Jacobo.

-Bueno, bueno, bueno… -comenzó diciendo el Lobo Jacobo- ¿qué tenemos aquí? ¿es que acaso llegáis tarde a una fiesta?

-Nada de fiestas -contestó Reguina la Gallina- Lo que nos mueve es algo muy grave, pues el cielo se está cayendo. Vamos a avisar a la presidenta.

-Creo que este es mi día de suerte -pensó Jacobo el Lobo- Voy a tener comida para un mes.

-Pues si que es grave, si -les contestó el Lobo Jacobo- Es un asunto que hay que tratar de inmediato. Por suerte os habéis topado conmigo. Conozco los caminos del bosque a las mil maravillas, seguidme y llegaremos en un santiamén.

Tan emocionados estaban las aves que siguieron al Lobo Jacobo sin pensarlo dos veces, hasta que las llevó a la entrada de una cueva oscura de la que no se veía el final.

-Esta es la entrada a un túnel secreto -comenzó diciendo el Lobo Jacobo como si fuera un guía turístico- Id pasando vosotras primero mis queridas aves y yo iré detrás para comprobar que ninguna se queda atrás.

Las aves fueron entrando una a una en la cueva, donde no veían nada de nada cuando de repente… El Lobo Jacobo ¡se hundió bajo tierra hasta la cintura! Cerca de él se movió la tierra y salió… el Topo Filoppo.

El Topo Filoppo, que tenía un oído muy fino, había escuchado como el Lobo Jacobo engañaba a las asustadas aves y rápidamente se había puesto a cavar túneles debajo del Lobo para atraparle. 

-¡Ay!, mis crédulas aves. ¡Cuidado con el Lobo Jacobo! Eso no es un túnel, sino una cueva. Os quiere atrapar para comeros a todas -les explicó Topo Filoppo- Aprovechad que está atrapado y corred de vuelta al corral. ¡Corred!

El Lobo Jacobo, que tenía las patas traseras y el culo bajo tierra por la trampa de Topo Filoppo, luchaba por salir. Mientras tanto, La Gallina Reguina, el Pato Renato, el Ganso Alfanso, el Pavo Gustavo, la Perdiz Beatriz, Denís la Codorniz y Hassán el Faisán, salieron corriendo de vuelta al corral. Topo Filoppo siguió haciendo agujeros bajo tierra para que no le diera tiempo a salir al Lobo Jacobo.

Y así nuestras aves corrieron de vuelta a través del bosque, por el campo, siguiendo el camino hasta llegar a la granja. Cuando por fín se habían sentado a descansar, todavía con el corazón palpitando rápidamente tras la carrera, Hassán el Faisán dijo:

-¡Qué suerte hemos tenido de salvarnos en el último momento! ¡Por poco nos come el Lobo!

-Si, hemos tenido suerte -contestó Reguina la Gallina- Pero ¿os habéis dado cuenta de la situación tan grave en la que estamos? No sólo el cielo se está cayendo, sino que ¡el suelo se está hundiendo!

Esta es nuestra adaptación de un antiguo cuento europeo conocido en inglés como Henny Penny o Chicken Licken.


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