La Zanahoria Gigante

Adaptación de un cuento ruso

Había una vez una granja en la que trabajaba y vivía una familia. El abuelo, la abuela, el padre, la madre, el nieto y la nieta. Cultivaban muchos tipos de verduras. Tenían patatas, calabazas, lechugas, zanahorias…

Algunos años las cosechas eran mejores que otros. Dependía sobre todo del tiempo que hiciese ese año. Cuánto llovía. Si hacía mucho sol. Cada año era diferente. Pero hubo un año en el que pasó algo extraordinario. 

Una de las zanahorias que habían sembrado no paraba de crecer. Parecía que no tuviera fin. Cada día que la miraban era más y más grande. Empezó como las demás zanahorias, pero pronto era más grande que una sandía, y más tarde era tan grande como la más grande de las calabazas.

Llegó el momento en el que el abuelo decidió que ya había que sacarla.

-Como la dejemos más tiempo, al final se va a pudrir -dijo el abuelo mientras se remangaba para intentar sacar la zanahoria.

El abuelo agarró la zanahoria por la parte verde y empezó a tirar y a tirar, pero la zanahoria ni se movía. Un ratoncito que pasaba por allí se había quedado mirando la escena.

-¿Quieres que te ayude a sacar la zanahoria? -preguntó el ratoncito.

-¿Cómo vas a poder ayudarme con lo pequeñito que eres? Deja, deja, ya voy a buscar ayuda -contestó el abuelo.

Poco después, volvió de dentro de la casa con la abuela y los dos se pusieron a tirar. El abuelo tiraba de la zanahoria y la abuela tiraba del abuelo. Y la zanahoria ni se movía. El ratoncito, con muchas ganas de ayudar, se volvió a acercar.

-¿Quieres que pruebe a ayudar ahora? -insistió el ratoncito.

-Quita, quita, vamos a por alguien mucho más fuerte que tú -le dijo la abuela antes de entrar en la casa pasa salir de ella acompañada del padre de la familia.

Los tres juntos volvieron a intentarlo haciendo una cadena más larga. El abuelo tiraba de la zanahoria, la abuela tiraba del abuelo y el padre tiraba de la abuela. Y la zanahoria seguía sin moverse. 

Esta vez no dejaron ni hablar al ratoncito. 

-Deja, deja, que vamos a por más ayuda -dijo el padre mientras iba a buscar a la madre.

Ahora siendo cuatro, pensaron que la zanahoria tenía que salir. Pero nada. Todos tirando con todas sus fuerzas, pero la zanahoria ni se movía. El ratoncito, que seguía mirando, se acercó para intentar ayudar, pero seguían sin dejarle.

Esta vez, lo intentaron todos los miembros de la familia. El abuelo tiraba de la zanahoria, la abuela tiraba del abuelo, el padre tiraba de la abuela, la madre tiraba del padre, el hijo tiraba de la madre y la hija tiraba de su hermano. Todos tirando con todas sus fuerzas, pero la zanahoria seguía sin salir del suelo.

En ese momento, y aprovechando que estaban demasiado ocupados como para decirles que no, el ratoncito se acercó a ayudar. Agarró al último de la cadena y tiró con todas sus fuerzas, y ahora sí, con la fuerza de todos juntos (incluido nuestro ratoncito), la zanahoria salió del suelo. Y era tal la fuerza con la que todos empujaban, que se cayeron de espaldas al suelo unos sobre los otros.

Y al ratoncito, que estaba muy alegre por haber podido ayudar, le regalaron un buen trozo de la zanahoria.


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