Los tres deseos

Adaptación de un cuento tradicional húngaro.

Había una vez una pareja de campesinos que vivían felices de lo que cultivaban en su terreno, aunque eran muy pobres. No tenían ningún tipo de lujo, pero se querían mucho el uno al otro. En una época en que la cosecha no estaba siendo muy buena, la mujer llegó un día a casa antes que su marido, y empezó a preguntarse qué podrían cenar esa noche. Casi no tenían nada en la despensa. A falta de ideas, encendió el fuego y puso una olla con agua a calentar para hacer una sopa clara. ¡Cómo le habría gustado tener esa noche algo más sabroso para comer!

Y mientras pensaba en esto, escuchó unos ruiditos detrás de ella. Se giró y allí delante de sus ojos apareció por arte de magia, un hada. La pobre mujer dió un respingo enorme del susto.

-No te voy a hacer ningún daño, no temas -dijo el hada- lamento haberte asustado tanto. Para que veas que no vengo con malas intenciones, te voy a conceder tres deseos.

Y tras decir esto, el hada desapareció. La pobre mujer se estaba todavía recuperando del sobresalto cuando empezó a pensar que su primer deseo podría ser una buena cena. Empezó a pensar en una deliciosa salchicha. Llevaban mucho tiempo sin comer salchichas. Así que deseo la más deliciosa salchicha que pudo imaginarse. En un instante, apareció sobre la mesa una sartén con la salchicha ya dentro. Lo único que tenía que hacer era ponerla en el fuego.

Cuando el pobre hombre llegó a casa, se quedó muy sorprendido. De la cocina salía un olor a comida delicioso. La mujer le contó toda la historia y se sentaron juntos para decidir qué pedirían con los dos deseos restantes.  El hombre quería un caballo, unas botas nuevas y un cerdo. Pero la mujer quería una gallina, una caña de pescar y un limonero. Y así empezaron a discutir. Incluso se olvidaron de la salchicha. En esto que el hombre quiso fumar antes de cenar. Llenó su pipa con tabaco y la acercó al fuego para encenderla, con tan mala suerte que le dió con el codo a la sartén y esta se volcó. La salchicha cayó en el fuego.

¡Oh no! La mujer saltó rápidamente para intentar salvarla. Y cómo estaba muy molesta con el hombre le dijo:

-¿Cómo has podido ser tan torpe? ¡De verdad, desearía que la salchicha se te hubiera pegado a la nariz en vez de caerse al fuego!

Y así fue. Tan pronto como había terminado de decirlo, la salchicha estaba colgando de la nariz del hombre. Le llegaba hasta las rodillas. El pobre hombre tenía un aspecto muy chistoso.

Al principio la mujer se rió, pero cuando intentó quitársela de la nariz, vió que no había forma de quitarla y ya no le pareció tan gracioso. Tiró y tiró, pero la salchicha no salía. Entonces empezaron los dos a llorar.

Y cómo no tenían forma de quitarle la salchicha de la nariz, pensaron en usar el último deseo para ello.

-¡Pero entonces no podremos pedir ninguna riqueza! -dijo la mujer -podemos probar a cortarte la salchicha de la nariz con un cuchillo.

-¡No, no, no! ¿Cómo me vas a cortar la nariz? -respondió el hombre alarmado -no te dejaré.

-¿Y qué va a ser de la gallina, el caballo y todas esas cosas?

-Pues tendremos que vivir sin ellas. ¿Cómo voy a pasar toda mi vida con una salchicha colgándome de la nariz?

Así que finalmente usaron el último deseo en que la salchicha volviera de la nariz a la sartén.

Ahora, ya por fin, se sentaron tranquilamente a cenar, pero tampoco pudieron disfrutar mucho de la cena, porque se la pasaron discutiendo sobre quién tenía la culpa de que hubiesen gastado los tres deseos en una salchicha.


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