Teddy, el peluche astronauta

Teddy era un osito de peluche normal y corriente. Como todos los demás peluches, cuando nadie le miraba, se despertaba y empezaba a moverse por la casa.

A Teddy le gustaba mucho mirar al cielo nocturno por la ventana. Se quedaba horas y horas mirando las estrellas y soñaba con poder viajar un día al espacio. Teddy quería ser astronauta.

Una noche, se puso a leer una revista sobre el espacio y descubrió, que no muy lejos de allí, había un centro espacial donde preparaban un lanzamiento: un cohete que iría al espacio. 

A Teddy le entraron unas ganas enormes de subir a ese cohete y así viajar al espacio. ¿Pero cómo podría subir al cohete? Lo mejor sería ir allí y averiguarlo.

Preparó una pequeña mochila donde metió: una navaja multiusos, una linterna y un mapa, donde había marcado el camino a seguir con un lápiz rojo. 

Cuando llegó la noche siguiente, tomó su mochila, salió por la ventana, bajó por la cañería del agua y se dirigió al centro espacial.

Llevaba un rato caminando cerca de un río y paró a ver en el mapa cuánto le quedaba para llegar. ¡Todavía le quedaba muchísimo! Iba a ser un viaje bien largo. Mientras pensaba sobre esto, escuchó un ruido cerca de él.

Se acercó poco a poco y descubrió a un zorro atrapado en una red. Colgaba a pocos centímetros del suelo.

-¿Qué haces ahí arriba? -preguntó Teddy.

-He caído en una trampa que ha puesto algún cazador -contestó el zorro con mucha pena-. ¿Me ayudas a salir?

Teddy vio que la red colgaba de una cuerda. La cuerda pasaba por encima de una rama del árbol y luego bajaba al suelo hasta una roca, que aguantaba el peso del zorro. Sacó la navaja multiusos y cortó la parte de la cuerda que estaba atada a la roca. El zorro cayó al suelo. (¡paf!)

-¡Muchas gracias por rescatarme! -dijo el zorro muy contento- ¿Puedo ayudarte de alguna manera?

-Pues a decir verdad -comenzó Teddy pensativo-, quiero llegar al centro espacial, que tengo aquí marcado en el mapa, y con mis piernas tan cortitas, creo que voy a tardar demasiado. ¿Podrías ayudarme a llegar más rápido?

-Por supuesto que sí -contestó el zorro encantado-. Sube sobre mi lomo y te llevaré hasta allí más rápido que el viento.

El zorro llevó a Teddy tan rápido como había prometido y pronto se encontraron frente al centro espacial. Era un edificio muy grande. Tenía muchas ventanas, pero todas las puertas estaban cerradas. Teddy y el zorro estaban dando vueltas alrededor del edificio, buscando una forma de entrar, cuando pasaron cerca de una charca.

-Buenas noches. ¡Croac! -les saludó una rana desde la charca- ¿Se os ha perdido algo? ¡Croac! ¡Croac!

-Buenas noches señora rana -contestó Teddy-. Estamos buscando una forma de entrar en el centro espacial. Sé que están preparando una misión para ir al espacio y quiero formar parte de ella.

-Ir al espacio…. ¡Croac! -contestó la rana-. Suena divertido. ¡Croac! ¡Croac! A mi me gusta mucho visitar el centro espacial de vez en cuando. ¡Croac! Os puedo enseñar mi camino secreto. Seguidme. ¡Croac! ¡Croac!

Y así Teddy y el zorro siguieron a la señora rana hasta uno de los laterales del edificio.

-¿Veis aquella ventana de allí? ¡Croac! -comenzó diciendo la rana-. Casi siempre está abierta. ¡Croac! El ser humano que trabaja ahí se olvida de cerrarla cuando se va a su casa. ¡Croac! ¡Croac! Yo a veces salto hasta allí para dar mis paseos por el centro espacial. ¡Croac! Dentro hay moscas muy deliciosas. ¡Croac! ¡Croac!

La ventana estaba demasiado alta para Teddy, pero todos ayudaron para que pudiera llegar. El zorro se irguió sobre sus patas traseras apoyado en la pared, la rana se colocó encima de su cabeza y Teddy arriba del todo casi llegaba ya a la ventana. Luego la rana dio un salto y Teddy salió volando justo para caer en la ventana. Había tenido suerte. La ventana estaba abierta.

-¡Muchísimas gracias a los dos! -gritaba Teddy desde la ventana.

-De nada -contestaron el zorro y la rana-. ¡Te deseamos mucha suerte en tu aventura espacial!

Dentro del centro espacial estaba todo muy oscuro así que sacó y encendió su linterna. Había muchos pasillos y puertas. Después de pasear un rato, encontró una puerta con un cartel que ponía: “Preparación para la siguiente misión”. Así que entró.

Había muchas cosas allí dentro, mesas con computadoras, montones de papeles, y muchas máquinas. Había trajes espaciales, pero eran enormes. ¿Cómo podría entrar en uno para ir al espacio? 

Al fondo de la sala había una caja abierta que tenía escrito en un lado “Experimentos”. Y entonces a Teddy se le ocurrió una idea genial. Había leído en la revista, que en la estación espacial hacían muchos experimentos. Si se metía en la caja de los experimentos, seguro que le llevarían al espacio.

Teddy empujó una silla de oficina, de esas que tienen ruedas, y la colocó al lado de la mesa. Subió y se metió en la caja. Había un montón de cosas dentro: semillas y plantas, botes, papeles… Teddy se escondió debajo de los papeles para que no le vieran.

Y así fueron pasando los días hasta que llegó el día del lanzamiento. Había mucha actividad en el centro espacial. Cargaban el combustible del cohete, la comida para los astronautas, muchas botellas de oxígeno, agua… y por supuesto, la caja para los experimentos.

Cuando ya los astronautas habían subido, cerraron las puertas y comenzó el despegue:

10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0, despegue…

El cohete fue subiendo y desprendiéndose de las diferentes partes conforme subía hasta que solo la punta, una pequeña cápsula, seguía hacia la estación espacial internacional.

La cápsula se fue acercando a la estación espacial poco a poco hasta que se acopló. Una vez estaba fija, abrieron las compuertas, y los astronautas empezaron a pasar al otro lado todas las cosas que traían: comida, oxígeno, agua… y por supuesto, la caja para los experimentos.

Cuando la abrieron y sacaron todas las cosas ¡se encontraron con Teddy!

Nadie en la estación sabía quién lo había traído. Pero les gustó tanto a todos, que decidieron que sería la mascota de la estación espacial. Así, que lo colocaron al lado de una gran ventana donde podía ver el espacio, las estrellas, la Tierra, la Luna…

Teddy se había convertido en el primer osito de peluche astronauta.

Y colorín colorado, este cuento espacial se ha acabado.


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